Angustia entre los trabajadores fijos discontinuos de los hoteles de Salou

El cierre de estos establecimientos mantiene sus incertidumbres porque muchos han consumido ya un año de paro

EDUARD CASTAÑO

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El Hotel Villamarina de Salou, que se encuentra en la calle Ciutat de Reus, está cerrado y tiene previsto abrir puertas en abril del próximo año. FOTO: alba mariné

El Hotel Villamarina de Salou, que se encuentra en la calle Ciutat de Reus, está cerrado y tiene previsto abrir puertas en abril del próximo año. FOTO: alba mariné

La economía está sufriendo una situación de emergencia a causa de la Covid-19 y el sector turístico es de los más afectados, con una marcada incidencia sobre los trabajadores fijos discontinuos.

En la Costa Daurada, la actividad turística ha bajado considerablemente y las cifras han dejado patente la circunstancia. Se calcula que este verano sólo ha abierto el 43% del parque hotelero de Salou, Cambrils y La Pineda.

De los 62 hoteles que conforman la Associació Hotelera, 35 no han abierto en todo el año; 3 cerraron a finales de julio; otros 3, a finales de agosto. El resto ha ido haciéndolo paulatinamente. 

Esa escasa apertura de plazas hoteleras ha hecho que los empresarios no llamaran a muchos  empleados fijos discontinuos desde el inicio de la declaración de la pandemia. Otros a penas han trabajado escasos meses, eso en el mejor de los casos. El fijo discontinuo es un tipo de contrato indefinido para trabajos que tengan carácter de fijos, que sean estables, pero discontinuos en el tiempo.

El cobro del paro ha empezado su cuenta atrás y muchos trabajadores de Salou que vivían y mantenían a sus familias con su empleo en los establecimientos hoteleros viven con incerteza  e inquietud el futuro. «Incertidumbre» es la palabra más repetida por muchos de ellos ante el panorama que atisban a corto y medio plazo.

«Creo que este invierno acabaré por marcharme a Andalucía a la recogida de la aceituna», explica Encarna, quien tiene allí a parte de su familia y donde tiene la esperanza de encontrar un empleo que le evite seguir descontando paro. Con un marido que dejó de cobrar el desempleo hace un tiempo, Encarna es un claro ejemplo de ‘la  nueva emigración’ hacia otros puntos de España como lo fue a la inversa en los años 60.

«Era inimaginable»

«Nunca nos imaginamos que esto fuera a pasar. Era inimaginable», reflexiona Antonio, que pide no aparecer en fotos ni publicar sus apellidos al igual que el resto de compañeros de profesión. En su caso, trabajaba de camarero en un hotel salouense, aunque «prefiero pensar que seguiré trabajando allí. El paro es muy duro por esa sensación de desasosiego tan prolongada. Creo que todos los que estamos en esta situación vivimos con ansiedad, nerviosismo y angustia constante. Estamos consumiendo paro y no estamos en un ERTE. Si al menos supiéramos seguro que íbamos a trabajar en medio año...», se lamenta.

Las incógnitas de 2021 hacen que algunos se planteen emigrar en busca de empleo fuera

Para Sonia, a sus 52 años, «es muy duro este momento. En Salou nunca habíamos tenido que vivir un momento como este. Ha habido momentos más o menos complicados por la crisis de 2008 pero siempre habíamos salido adelante porque siempre ha habido turismo aquí. Lo de ahora es una cosa que nunca habíamos vivido y quizás, espero, nunca volvamos a tener que vivir».

Mientras, Luisa, recepcionista en otro hotel, prefiere mostrarse esperanzada: «quiero pensar que este verano volveremos más o menos a una normalidad. No sé cómo podremos sobrevivir si no es así. No sé quien pagará mi hipoteca ni quien nos dará de comer a mí y a mis hijos... Prefiero pensar que Salou volverá a recuperar su ritmo poco a poco».

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