Marín volvió para esto (Barça 3-3 Reus)

Hockey. El Reus pone la OK Liga patas arriba con un extraordinario empate ante el Barça en el Palau Blaugrana gracias a la exhibición del reusense y de un gran comportamiento colectivo

Marc Libiano

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Marín disputa una bola con Hélder Nunes. Foto: Paco Largo/ FC Barcelona

Marín disputa una bola con Hélder Nunes. Foto: Paco Largo/ FC Barcelona

Marín había pedido cita en el Palau Blaugrana para lucir de nuevo su libreto mágico de recursos ofensivos y la exhibición trajo premio; un prestigioso punto ante el poderoso Barcelona. Restaban tres minutos para el final y Pablo Álvarez había enviado una pala al ángulo de Càndid Ballart para servir el 3-2 que se acercó a la sentencia. Solo se acercó. Raúl Marín compareció segundos después para firmar la resistencia, con hat-trick particular incluido. Encaró a Nil Roca, su defensor, y conquistó el área para dibujar una media vuelta de apariencia estéril. El atacante del Reus es especialista en convertir apariencias en goles. Impactó la pelota con un remate de muñeca en el perfil de cuchara. Perforó a Egurrola e igualó un Clásico apasionante. 

Una vez más, el delantero del Reus mostró su feroz comportamiento en los días señalados con pincel en el calendario. No le importó ni siquiera ingresar como rotación. Da la impresión que se siente feliz en el escenario de la presión, no le van las medias tintas. Como se expresa constantemente por impulsos e ingenio, algunas veces se equivoca, pero dispone de tanto instinto caníbal que para el Reus resulta una bendición contar con sus servicios. El punto en el Palau no solo dignifica la calidad de este jugador superlativo, también el fascinante comportamiento colectivo del Reus, que llevó el partido hacia el ecosistema que más le convenía. El resultado pone la OK Liga patas arriba y deja al Liceo como más que un principal candidato al título.

Paco Largo/ FC Barcelona

Sólo la pelota parada le dio chance al Barcelona en un primer parcial muy interesante. Se tutearon los dos protagonistas del Clásico, cada uno en el papel que había dibujado en la estrategia previa. El Reus conocía el frenesí que los azulgranas suelen imponer en cada arranque, ritmo y vértigo para descoser sistemas y entramados defensivos. Garcia sabía que para alcanzar el éxito o acercarse a él en el Palau, el Reus iba a necesitar de un plan más comedido. Romperle la dinámica de juego al Barcelona se presumía como decisivo. Por momentos, los rojinegros lo consiguieron. Combinaron la defensa individual con la zona y en sus ataques se arroparon en el desequilibrio y el excelente nivel de patín de jugadores como Marín, Àlex, Julià o Nájera, para sacudirse la presión del Barça. Actuó con personalidad el equipo.

El hockey ha renunciado al atractivo del contacto con la reglamentación actual. Los jugadores se han aprendido la trampa. Cada vez que sienten el cuerpo de algún rival van al suelo con extrema facilidad. Los colegiados caen, exponen la cartulina azul y dejan en inferioridad al infractor, en muchas ocasiones por colisiones invisibles. El ejemplo del Clásico resultó demoledor. A Àlex le sacaron del partido por una faltita a Hélder Nunes a los ocho minutos. Pablo Álvarez convirtió el tiro directo con categoría. La ley de la compensación no tardó en aparecer. En la otra orilla y tras una maniobra exquisita, Julià se fabricó la directa y la azul a Pascual. No la definió esta vez ante Egurrola, pero el Reus se mantuvo intacto. Marín se encargó de igualar el Clásico con un disparo inapelable, con el Barcelona refugiado en la inferioridad. El tiro del reusense se coló por el primer palo de Egurrola.

Paco Largo/ FC Barcelona

El juego del Barcelona giró entorno a la capacidad creativa de Bargalló, un tipo que dispone de ojos en todas las extremidades del rostro. En transición interpreta pases imposibles que nadie ve. Disfruta como un niño asistiendo. El Reus, en cambio, encontró en Nájera un filón inesperado. Ofreció minutos aseados el madrileño, ligero en el cambio de ritmo. En todo caso, solo un penalti casi absurdo desniveló el resultado. Justo antes del intermedio, la pelota chocó en el patín de Bancells y los árbitros, tremendamente quisquillosos, señalaron el punto fatídico. Joao Rodrigues no perdonó.  

En lugar de descomponerse, el Reus jamás cayó en el manicomio. No se olvidó de competir en ningún instante, ni siquiera cuando el Barça le hundió en la trinchera defensiva cuando aceleró. 50 minutos en el Palau se acercan a una eternidad. Resistir se asemeja a un acto de heroicidad.

Ballart, el arquero rojinegro, sujetó la avalancha culé con una pose firme y eso le permitió al Reus aspirar siempre a los puntos. El 2-2 también surgió de un penalti casi chistoso. Se le cayó el stick a Bargalló dentro del área y la bola rozó en su bota. Marín, de nuevo él, halló un resquicio para superar al gigante Egurrola. Los dos equipos no acertaron en una directa para cada bando cuando atraparon las diez faltas y el Clásico caminó en un alfiler. No le faltó de nada. 

El intercambio de golpes final entre Álvarez y Marín congeló un marcador de igualdad que realmente se ajustó al esfuerzo titánico de Barça y Reus. Con Raúl como estilete incombustible. En realidad volvió para esto.

FC Barcelona: Egurrola, Helder Nunes, Panadero, Joao Rodrigues, Bargalló. También jugaron: Pablo Álvarez, Pascual, Roca y Alabart.

Reus Deportiu: Ballart, Bancells, Julià, Salvat y Àlex Rodríguez. También jugaron: Marín, Castro, Najera y Del Río.

Goles: 1-0, Pablo Álvarez (8'), 1-1, Marín (10'), 2-1, Joao Rodrigues (18'), 2-2, Marín (28'), 3-2, Pablo Álvarez (45'), 3-3, Marín (47').

Árbitros: Díaz y Sánchez. Cartulinas azules para Pascual y Àlex Rodríguez.

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