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Bienvenido al Brexit

El camionero preguntó al agente si al menos podía quedarse con el pan, a lo que el aduanero respondió con flema: «No, vamos a confiscar todo. Bienvenido al Brexit, señor. Lo siento»

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

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Muy a menudo los ciudadanos votan por una determinada opción sin conocer muy bien las consecuencias que ello puede acarrear. Me temo que es lo que sucedió con el Brexit. Lo puede asegurar ese camionero británico que cruzaba un puerto neerlandés cuando un agente de aduanas holandés le preguntó si su bocadillo tenía jamón y queso y que se quedó de piedra cuando, al responder con toda naturalidad de manera afirmativa, el funcionario, también con toda naturalidad, le confiscó el sandwich. Y no se trata de un caso aislado: naranjas, cereales, zumos, filetes de pollo, latas de atún, leche o lonchas de pavo son solo algunos de los productos que los agentes de aduanas de Países Bajos han confiscado estas semanas a los conductores que trataban de cruzar hacia territorio europeo desde el Reino Unido. La razón de estas medidas es que desde el 1 de enero los británicos han dejado de formar parte de la Unión Europea y, por tanto, han quedado a merced de leyes que se aplican a terceros países. La Comisión Europea defiende que «bienes personales que contienen carne, leche o sus productos introducidos en la UE continúan representando una amenaza real para la salud en toda la Unión» y justifica que los patógenos que pueden contener estos productos causan enfermedades. La prohibición se debe a que esos productos no se produjeron bajo supervisión de reglas comunitarias. El sorprendido camionero que protagoniza esta historia preguntó al agente si al menos podía quedarse con el pan, a lo que el aduanero respondió con flema –imagino que no británica, precisamente–: «No, vamos a confiscar todo. Bienvenido al Brexit, señor. Lo siento». Pues eso.

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