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Cómo convertir el desastre en oportunidad

Tanto Tarragona como Barcelona deben convertir estas desgracias en desafíos y esos desafíos en oportunidades. Para empezar, no debemos renunciar a nada. «Bussiness as usual»: siempre

LLUÍS AMIGUET

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LLUÍS AMIGUET

LLUÍS AMIGUET

Tarragona y Barcelona, las dos ciudades que más quiero, han sufrido estos días dos impactos tremendos que amenazan su imagen y su prosperidad.

Nuestro Diari ha cubierto con rigor el accidente de la petroquímica y toda su retahíla de indeseables consecuencias, que todavía colean, dañando, sobre todo, nuestra imagen de capital de servicios, ocio y turismo con clima inmejorable y gran calidad de vida.

Y Barcelona se enfrenta, también ahora, a lo peor que le podía pasar en estos momentos en que empieza a flaquear el turismo de masas –¡tanto que nos quejábamos de él!–.

Porque el mercado inmobiliario empieza a reflejar en su deceleración que tal vez cometimos errores que afectaron a la inversión a largo plazo, tan miedosa siempre de los cambios imprevistos en sus guiones. Y, por si fuera poco, la joya de la corona barcelonesa de las ferias, el Mobile World Congress, acaba de ser cancelado por miedo al coronavirus.

Las pérdidas van a ser considerables entre los 13.000 amigos taxistas metropolitanos y los hoteleros que sufren ya el desagradable agujero que las cancelaciones de las grandes multinacionales están dejando en sus reservas. Pero los daños de imagen son también cuantiosos, puesto que ponen en evidencia en el inmenso sector que se trataba de una cita no tan indispensable.

¿Qué hacer? Pues, para empezar, ocuparnos y dejar de preocuparnos. Y ocuparnos en trabajar nuestra actitud colectiva ante esas desgracias. Porque las cosas no son como son, sino, en gran parte, como decidimos tomárnoslas.

¿Qué hacer? Para empezar, ocuparnos en trabajar nuestra actitud colectiva

Y tanto Tarragona como Barcelona deben convertir estas desgracias en desafíos y esos desafíos en oportunidades. Para empezar, no debemos renunciar a nada. «Bussiness as usual»: siempre. Barcelona debería haber celebrado su ‘Mobile’, aunque la única empresa que, al final, decida estar allí sea la propia feria. ¿Acaso no se trata de una reunión tecnológica? ¿Por qué no, entonces, convertirla también en un encuentro digital para los que no pueden estar presencialmente?

Las pantallas, aunque sean de 3D, no sustituirán al contacto humano, de acuerdo; pero conseguirán mantener la continuidad en la cita anual en estos congresos anuales. Y así confirmarán que es irremplazable.

Barcelona debe convertir, como China al construir su hospital en diez días, ese contratiempo en una oportunidad para situarse en positivo en el escaparate del planeta. Y Tarragona también tiene, en el accidente de la petroquímica, su propia oportunidad para formar parte de ese puñado de ciudades que asombran al mundo.

Por eso, en vez de resignarnos a convivir con una industria que, de vez en cuando, contamina y causa daños personales, deberíamos posicionarnos como la comunidad que ha conseguido convertir esa desagradable proximidad en una oportunidad: la de ser el futuro verde de la química.

Se trata de exigir a los políticos que conviertan en una prioridad nuestro bienestar

No se trata de manifestarnos un día; ni de votar una sola vez a cualquier candidato; sino de exigirnos en nuestra acción pública y nuestra presión a los políticos que conviertan en una prioridad nuestro bienestar. Y en Tarragona eso significa no tener que decidir entre los sueldos y los pulmones o los sobresaltos.

Si nos conformamos con esperar que no vuelva a suceder, habremos perdido ya, de entrada, la partida. Deberíamos exigir que suceda lo que suceda, cada vez sea mayor la inversión en dotar a la petroquímica de una contrapartida verde, y hace ya 30 años que oí hablar de ella –el muro verde que rodearía la petroquímica– por primera vez.

Necesitamos ya grandes inversiones públicas y privadas que suavicen su impacto y mejoren nuestra calidad de vida, empezando por la de los barrios vecinos que más la sufren.

Debemos obtener resultados fiscalizables y un cronograma que verifique el progreso, día a día, de los progresos que obtenga nuestro cambio de actitud.

* Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona. 

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