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La maté porque era mía. Las urnas repiten en todos los comicios que Catalunya sigue siendo de todos

Cuanto peor, mejor. Los nacionalismos extremos, al final, se parecen tanto que acaban siendo igual de irracionales. Y cuando uno monta barricadas, el otro también crece para desmontarlas

LLUÍS AMIGUET

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LLUÍS AMIGUET

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«La maté porque era mía». Recuerdo la letra de esa infame copla cada vez que, como miles de catalanes, llego tarde estos días al trabajo, el hospital o el colegio de los niños, porque un centenar de activistas han cortado la carretera, la autopista o la frontera. Y es que era también el verso que recitaban ante el juez quienes acababan de asesinar a su pareja para justificar su delirio.

«Si no eres sólo mía, no serás de nadie» gritaba a su víctima el maltratador con ataque de cuernos. Y hoy también serviría de himno a los saboteadores de vías públicas que nos están causando enormes pérdidas, porque dicen que nos matan, porque quieren mucho a Catalunya: más que nosotros, más que quienes trabajamos y pagamos impuestos cada día para todos en vez de gastarlos en sabotear infraestructuras.

«Si Catalunya no es sólo mía, no será de nadie» parecen pensar. Y creen que eso les legitima para estrangularla poco a poco hasta que un día, pobre, triste y abandonada por las empresas y miles de trabajadores de todos los orígenes que han contribuido a hacerla rica, plena y diversa, sea sólo suya. Porque las urnas les repiten en todos los comicios que hoy sigue siendo de todos.

Los catalanes que se quedan atrapados una noche en la frontera no somos su enemigo, señores patriotas. Se han equivocado ustedes de enemigo

Lo desagradable es que mientras intentan que sea sólo suya, nos van torturando: el presidente de la Seat, Luca de Meo, acaba de avisar que si prosiguen los cortes de carretera, se llevará la primera empresa de Catalunya tal vez a Valencia; tal vez a Eslovaquia. Los trabajadores están aterrados.

El Mobile World Congress (MWC), la feria más importante del mundo, también se plantea hacer las maletas e irse de Barcelona; los hoteles sienten el pinchazo; cualquier día nuestra petroquímica pensará en otros destinos para sus inversiones que necesitan de seguridad, sobre todo, en las carreteras e infraestructuras.

Quienes prefieren las barricadas a los votos han olvidado que los estados se construyen para servir a los ciudadanos; no al revés y que ninguna ideología tiene sentido si no mejora nuestras vidas.

Nadie está legitimado a amargárnoslas en nombre de ninguna patria. Los miles de catalanes que se quedan atrapados una noche en la frontera o una tarde en la Diagonal barcelonesa o en cualquier calle de Tarragona no somos su enemigo, señores patriotas. Se han equivocado ustedes de enemigo.

Obsoleto

Y de discurso. Porque lo de «patria o muerte»; «patria o caos» se quedó ya obsoleto el siglo pasado. Resulta sorprendente que las repitan quienes quieren dominar la nuestra pasando por los sabotajes después de haber sido incapaces de dominarlas por las urnas.

Cualquier día nuestra petroquímica pensará en otros destinos para sus inversiones 

Por eso, el «la maté porque era mía», es decir, «la maté porque no era sólo mía» sirve igual a la extrema derecha catalana que a la española, porque los nacionalismos extremos, al final, se parecen tanto que acaban siendo igual de irracionales. Y cuando uno monta barricadas, el otro también crece para desmontarlas. Cuanto peor, mejor: sólo para quienes prefieren mandar, aunque sea sobre los escombros.

Una oportunidad

La coalición de gobierno que acaba de nacer con el PSOE y Unidas Podemos tiene la oportunidad ahora de tomar la primera medida social para recuperar el diálogo en Catalunya; preparar el terreno para que todos los políticos vuelvan pronto a sus casas; y servir a los catalanes, la inmensa mayoría, que quieren vivir sin sobresaltos: que ejerzan su poder y nos devuelvan ya el derecho a la libre circulación.

* Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el Diari y en Ser Tarragona.

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