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Opinion Punto de vista

Memoria y cambio en tiempos de coronavirus

Ojalá me equivoque, pero creo que, en el momento de salir del túnel, la solidaridad dará paso al sálvese quien pueda, ¿con tonalidades empáticas?
 

Roberto García Casado

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Roberto García Casado

Roberto García Casado

Cualquier singladura a lo desconocido deja del mismo modo cicatrices como barcos varados, al tiempo que hace entrar bocanadas de aire fresco. En parte es un tema de valentía y oportunidad. Quizás el precio que pagamos ahora es el del exceso. Exceso en la confianza de la tecnología y la ciencia, la arrogancia en la falsa creencia de los superhéroes, la indecencia de haber apartado la vejez y la muerte de nuestro roce (hasta lo inevitable), el menosprecio hacia la naturaleza, los creadores del transhumanismo y la inmortalidad como conquista, el salvajismo devastador capitalista de la globalización, … Encima, este huracán nos ha pillado conducido por enanos. Dirigentes que no quieren afrontar conjuntamente las situaciones. Nadie de los presentes levanta la mano para liderar con la autoridad requerida. EEUU abdica de su responsabilidad, Europa sumida en un gallinero, China esperando con su caja llena para comprar empresas, voluntades y aliados, de paso lavar su conciencia de una verdad que jamás sabremos sobre el origen y expansión del Covid-19.

En general las teorías del cambio, como la de Kotter, establecen como inicio crear el sentido de urgencia (lo tenemos), y en segundo lugar su traslado en busca de alianzas. Ahí empieza lo complicado: coalición para liderar el cambio y desarrollar una visión. Observamos que, para empezar a esculpir nuevas rayas en el cerebro memorial, las potencias ni están ni se las espera. La guerra y preeminencia comercial y económica se sirve en mesa distinta y se prioriza. La de la pandemia ocupa otras motivaciones. Lo casi seguro, la vigilancia y control financiero sí que presente visos de acuerdos supranacionales, así como se modificarán normas de comercio internacional, con barniz sanitario, y a nivel nacional se aceleren procesos estratégicos más allá de la energía o comunicación. Por sectores no hace falta hacer una lista de los peor parados. En cuanto al mercado laboral, aumentando el paro adoleceremos de los mismos perfiles y el talento internacional seguirá apátrida.

Como sociedad y sistema económico capitalista, estamos en un laberinto clausurado al cambio brusco. No está en cuestión tanto el sistema como algunas reformulaciones, que pueden hacer que viremos o aceleremos. Acelerar es más de lo mismo y más aprisa, más digital y automatismos. Virar son pequeños movimientos en distintas direcciones. Si bien, algunas de las debilidades actuales, al margen del tema de las potencias señalado, pueden venir de repuntes nacionalistas-populistas en algunos puntos, la descomposición de clases, el enorme número de subgrupos, muchos enfrentados entre sí, la falta de fuerza de los organismos internacionales, los poderes fácticos, además del feroz individualismo e indiferencia en la población en general. Ojalá me equivoque, pero creo que, en el momento de salir del túnel, la solidaridad dará paso al sálvese quien pueda, ¿con tonalidades empáticas?

Para que los cambios deseados (fraternidad, sociedad más equilibrada, mejor educación o sanidad, reparto de …) o emprendidos (¿) tengan cierta consistencia, a más de esa suerte de visión compartida, se ha de dar cabida a la memoria, al conocimiento y a la creatividad, y estar sujetos, en parte, en el mito. Crear relatos, rituales, festividades, hace de siempre que las cosas sigan vivas en el conjunto de la ciudadanía. Ambos conceptos, el del cambio y el de la memoria, se nutren recíprocamente. La evocación del recuerdo del miedo, de la ansiedad, de la ilusión, provoca y proyecta hacia el futuro inseguridades e inacción, o locuras y genialidades. Bien canalizados vienen a formarse, según del lado se evoque, como una reminiscencia purificadora o como un olvido salvador. En todo caso, la memoria guarda el encanto de los sótanos, y el olvido la incontinencia de mucho irresponsable, que esconde tras ello culpabilidades, remordimientos e incompetencias. En ambos casos la promesa de cambio brinda más esperanza que desasosiego, de ahí que las personas lo buscan y lo sueñan en momentos como este. Según lo que revivamos de la pandemia, después de haberlo olvidado todo, será lo que nos marque al menos como comunidad menor.

A nivel particular, como los secuestros de la memoria, uno se acuerda de lo que buenamente puede, de lo que le interesa y de lo que le es útil y grato. El resto se camufla, interfiere, confunde o se olvida por desuso, además de otras motivaciones emocionales para poder seguir viviendo dignamente. Se trata del olvido higiénico. Un poco de todo esto sucederá. Cada uno elegiremos nuestro cuento, si bien lo interesante es el constructo de uno colectivo como humanidad. Si lo lográramos, estaríamos más cerca de reconciliaciones y de colaboraciones futuras. Aunque me temo habrá más de uno, dos y tres relatos diferentes, lo que hace una menor aproximación a una entente mundial y una más próxima beligerancia entre bloques y corpúsculos.

Al igual que otras crisis, acabará distinguiendo entre clases sociales, políticas y países. De momento, une más un bicho que los campos de refugiados, las matanzas triviales o la escabechina de los que no tienen recursos. La esencia humana, con todo su humanismo charlatán, respira entrecortada por un virus. Y en el medio, los que siempre afloran, los oportunistas, que hacen negocios con el mal ajeno. Da igual se trate de vender armas que vender material sanitario defectuoso, de incrementar precios de manera escandalosa que de hackear webs médicas. Siempre hay quien saca beneficio en la tragedia. También afloran, mayoritariamente, compañías que se alían a sus clientes rebajando cuotas, donando dinero, aplazando recibos.

Observar y analizar sobre lo concreto no siempre es lo acertado, ni hace que entendamos la complejidad ni la interacción de las cosas. Llevar a lo simple y ágil un concepto como este deviene en que perdemos de vista el conjunto. Ni siquiera sirve segmentar para hacerlo más digerible y atacable globalmente. Y según el trozo que cojamos la ineficiencia es aún más inaceptable, así como las repercusiones, desconocidas. Hemos de convencernos que nadie puede ver el todo. Ver la realidad completa, el todo en/por el todo, es como asegurar que estás fuera del conjunto. Mejor colaborar y contrastar.

En cualquier caso, ¿cuánto tardará el óxido en adueñarse de estos hechos? La memoria tiene las patas muy cortas, y si hacemos caso a Ebbinghaus, en menos de una semana solo recordaremos un 3%, aunque con suerte, si lo tenemos bien grabado, lo rememoremos con poco esfuerzo. Los jueces auténticos de lo que hagamos ahora es la generación entrante para unos, y los fantasmas para otros. Las muertes han adoquinado muchas sendas de futuro y, en este supuesto, así volverá a ser. Como si no hubiera regalos sin peaje, oficializar el cambio tiene estas servidumbres, intentar llevarlo a cabo cuenta con otras. Por eso, decíamos, este es un tiempo de oportunidad y de valientes. Veremos en qué acaba.

*Roberto García Casado, Director de Casado & López Consulting

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