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Torpedo

Lo que deberíamos exigir, ante situaciones excepcionales, unos políticos acordes a ello  y no sacamuelas o vendehumos

Emilio Mayayo

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Deduzco, o por lo menos a mí me parece, que casi todo el mundo (y más los lectores) conoce la palabra que nos trae a colación. No hace falta ir al RAE, aunque figuran tres definiciones. Una, el artefacto explosivo que viaja propulsado por debajo del nivel del mar; dos, pez que te puede dar una descarga eléctrica; tres, un coche descapotable que se puede capotar. Indudablemente esta palabra se ha empleado con otros significados, humorísticos, amistosos e inclusive deportivos, poniéndole a un gran futbolista alemán el apodo de «torpedo Muller» por lo efectivo y resolutivo que era con sus goles para su equipo. Pero, no quiero seguir por esta senda mi escrito de hoy.

Es también conocido por todos que el día en el que se compran más libros es para San Jordi, aunque también se suelen regalar para las fiestas que hemos pasado no hace mucho. Con motivo de ellas me cayeron unos cuantos ejemplares que voy leyendo con sumo agrado, ya que las personas que me los regalaron lo hicieron con mucho cariño y pensando que disfrutaría de la lectura que ellos me proponían. Hay que decir que conocen mis gustos y si no se acercan. Los devoro igualmente, siempre hay mucho que sacar de una lectura detallada de cualquier libro editado. Entre los varios que llenaron mi biblioteca quiero destacar los siguientes, Las memorias de Barack Obama; Yo, el rey de Pilar Eyre; Línea de fuego de Arturo Pérez-Reverte; Como polvo en el viento de Leonardo Padura y en especial El hijo del chófer de Jordi Amat. Este último es como un torpedo.

Digo como un torpedo ya que expone las conocidas cloacas del pasado reciente de la postdictadura en Cataluña. El tema no es nada novedoso, es bien conocido, aunque se ha intentado acallar. Se trata de los tejemanejes urdidos para unos intereses muy especiales. Sobre esta cuestión disponemos de una amplia bibliografía, aunque algunos títulos no se han vendido fácilmente en Cataluña. El libro en cuestión explora la vida de Alfons Quintà. Un periodista-abogado que debería ser bien conocido por casi todos ya que formó parte importante del cuarto poder catalán. Basta recordar que fue director inicial de TV3 y redactor o colaborador de los principales periódicos nacionales.

Donde me quiero centrar es hacia el final de su vida profesional. Fue entonces cuando empezó a escribir para el Diari de Girona y sobre todo en el tema de sanidad. En sus escritos revelaba el deterioro programado de la sanidad pública en beneficio de otros tipos de sanidad. Fue un dardo que no cesaba o, para encuadrarlo en este escrito, un torpedo. He de reconocer que leí muchos de estos escritos. Lamentablemente sirvieron de poco y el poder tildó a Quintà de inestable, bipolar, revanchista y todo aquello que se puedan imaginar. Puede que un poco de cada cosa tuviera, pero su vida fue peculiar, sobre todo la infancia y juventud, que por cierto, tiene cierto paralelismo con la contada por Pilar Eyre sobre el rey emérito.

Vayamos a lo que pretendo y lo que más me motiva, la sanidad pública, tan duramente expuesta por Quintà. Los que tienen la culpa de que vaya como va son los políticos, no lo olvidemos. Son ellos los que pautan, programas y dirigen. Todo el mundo lo entiende y lo debe entender así. Veamos un claro ejemplo de rabiosa actualidad que nos revela la fastidiosa pandemia que lleva un año en nosotros. Hagamos pedagogía y aclaremos lo que parece ser el pal del paller de este embrollo, la vacuna. Nos están metiendo un entuerto tan mayúsculo que pocos entendemos y los ciudadanos vamos todos «forzados a una salvación particular y gratuita programada». La vacuna, no es tratamiento, que quede claro. La vacunación lo que produce es inmunidad adquirida, que para ello te inoculan el agente estimulador de las defensas para que de esta manera produzcas más y estés preparado por si el «bichito» quiere entrar en tu organismo. No han dicho nada de estimular la inmunidad innata, la que tenemos desde siempre (por decirlo rápido), ello nos volvería más fuertes inmunológicamente para protegernos del SARS-CoV2 y sus variantes. Para estimular la inmunidad innata hay muchas maneras de conseguirla y sin tanto gasto. Pero, hay que programarlo con mucha antelación y para ello hay que estar preparado. Por lo cual, es un tema que mejor no meneallo.

Con esto llegamos al quid de la cuestión. Dicen que para principio de verano el 70% de la población estará vacunada. ¿De qué año hablamos?. Haciendo cuentas de la vieja, y rezando para que las industrias farmacéuticas produzcan el producto, centrándonos en Cataluña, con una población de 7.722.203 habitantes, y según cifras recientes dadas por Salut hasta hace poco se habían vacunado 585.429 personas, de las cuales con una dosis lo habían hecho 321.268 personas o lo que es lo mismo el 4,1% y con doble dosis 184.161 personas con un 2,38% de la población. Si cada día se vacuna a 5.600 personas (4.287 con primera dosis y 1.313 con segunda, las cifras pueden variar a gusto del que las proporciona), al ritmo que llevamos, ni para el 2030. Y hay que tener en cuenta que muy probablemente se deberá poner dosis de recuerdo y sin olvidar las variantes que nos vienen, para las que no sabemos si serán efectivas las vacunas actuales. Este es solamente un ejemplo de lo que tenemos. Podríamos seguir y seguir en cómo se planifica la Sanidad Pública.

Para sintetizar y a modo de epílogo, matizar que esta es una situación excepcional, indudablemente lo es. Nadie se esperaba a estas alturas del siglo XXI, en un mundo ultramoderno y tecnificado, ocurriera lo que está ocurriendo, pero la vida nos da sorpresas. Lo que deberíamos exigir, ante situaciones excepcionales, unos políticos acordes a ello y no sacamuelas o vendehumos.

Emilio Mayayo: Catedrático de Patología. URV. Doctor en Medicina por la Universitat de Barcelona (1987). Exjefe de la Sección de Patología del
Hospital Joan XXIII de Tarragona. Coordinador de la sección de Patología Infecciosa de la Sociedad Española de Anatomía Patológica (SEAP). Exvicepresidente de la Acadèmia de Ciències Mèdiques de Tarragona.

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