Albert Font : «Dios me ha cambiado la vida, ahora soy más feliz»

Religión. Era ingeniero y trabajaba de lo que era su pasión en Inglaterra. A los 25 años cambió el rumbo, entró en el seminario y ahora ha sido ordenado diácono

MONTSE PLANA

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Albert Font en las puertas de la parroquia de Sant Joan, en Tarragona. FOTO: ALBA MARINÉ

Albert Font en las puertas de la parroquia de Sant Joan, en Tarragona. FOTO: ALBA MARINÉ

Albert Font es de Riudoms y tiene 32 años. Es ingeniero eléctrico, pero su vida dio un giro en 2014, cuando tomó la determinación de entrar en el seminario. Este pasado domingo, 27 de septiembre, fue ordenado diácono en una ceremonia celebrada en la Catedral de Tarragona y presidida por el arzobispo, Mons. Joan Planellas.

De ingeniero eléctrico a entrar en el seminario. Ya es diácono. ¿Por qué este cambio?

Estudié ingeniería eléctrica en Tarragona y, tras realizar las prácticas, la misma empresa me brindó la oportunidad de realizar una entrevista para poder quedarme a trabajar, pero en Inglaterra, donde está la sede central. Esto fue en 2010. Me cogieron ya con una posición permanente. Estaba ejerciendo lo que era mi pasión. Viví en distintas ciudades y mi vida social iba creciendo. Pero tenía un vacío.

¿Qué sucedió exactamente?

En 2014 estaba orando por los nonatos en el marco de una campaña de 40 días por la vida que se estaba realizando desde la diócesis de Hallam (en Sheffield) cuando supe qué quería Dios de mí. Hacía años que me lo planteaba, pero fue entonces, entre esas oraciones, que lo descubrí. Tenía que desmantelar mi vida para seguir mi camino.

¿Fue de repente?

Es una historia que empezó a los 15 años, cuando fui a Lourdes. Fueron 10 años de búsqueda hasta que obtuve la respuesta. Se desveló la vocación.

¿Cómo supo lo que quería Dios?

Es un momento muy íntimo, muy difícil de poner en palabras y siempre queda detrás de un velo.

Y lo dejó todo.

En mayo de 2014 tomé la determinación de entrar en el seminario. Informé a la empresa de que dejaba el trabajo. Cumplí los 26 años en agosto, y a finales de septiembre regresaba a España y entraba al seminario.

¿Cómo ha sido el camino en el seminario?

Los inicios no fueron fáciles. Hasta ese momento, hacía y deshacía mi vida, quedaba con los amigos… Pero en el seminario formas parte de una comunidad y todo está más acotado. Hay una renuncia para abrirse a otro estilo de vida. A pesar de todo, con el tiempo me he dado cuenta de que toda esta experiencia es muy enriquecedora.

¿Ha cambiado?

No soy el mismo. Ves como Dios te va transformando el corazón. Tengo una vida más feliz y serena. Ahora empiezo a vivir con la ternura con la que Dios debe mirarnos a cada uno de nosotros.

¿Cómo se lo tomaron familia y amigos?

De todos mis amigos, de quien era menos extraño que tomase este camino era yo. Siempre he amado a Jesús. Desde pequeño iba a misa cada domingo, era catequista... Hubo algo de sorpresa, pero no fue tan extraño. La respuesta de la familia fue similar. Mi madre está muy contenta y a mi padre le costó algo más, pero lo veo en paz. Los padres siempre proyectan la vida de sus hijos y se preguntan si serán felices.

¿La gente se sorprende al saber que antes era ingeniero?

En alguna ocasión en el seminario me han preguntado que si he tenido algún desengaño amoroso. Tuve novia y descubrí qué era amar a una mujer. Tenía mi vida, mis estudios y trabajaba, pero tenía todavía un pequeño vacío.

¿Y ahora qué?

Seré presbítero diocesano, así que estaré al servicio de la diócesis, en este caso, la de Tarragona y estaré a la disposición de lo que diga el arzobispo. Por ahora, seguiré sirviendo a las parroquias de Sant Joan Baptista, Santa Clara y Sant Pere Apòstol de Tarragona.

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