La ilusión gana a la extrañeza en el regreso a clase en Reus

La escuela Prat de la Riba personifica lo que sucedió en los colegios de toda la ciudad: ganas y nervios por la vuelta en medio de estrictas medidas para evitar contagios

JORDINA SALVAT

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Una maestra echa gel en las manos de un alumno antes de entrar al colegio.  FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Una maestra echa gel en las manos de un alumno antes de entrar al colegio. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Si los colegios hablaran, el centenario edificio modernista que alberga la escuela Prat de la Riba (creado por el arquitecto Pere Castells) valoraría el día de ayer como un inicio de curso inaudito. Así lo vivieron el equipo directivo de la escuela, los maestros, el equipo de profesionales del centro, los niños y las madres y padres de los alumnos que, como todos los demás en la ciudad, se enfrentaron a inicio del curso 2020-21 y al primer día de entradas y salidas escalonadas.

Ya resulta difícil que un adulto cumpla con las medidas de seguridad en prevención del Covid-19. Más lo fue ayer, en el reencuentro con las aulas y los compañeros tras seis meses de parón educativo. La ilusión y la emoción acabaron pudiendo a la extrañez de los reencuentros tras las mascarillas. Los maestros saludaban desde dentro del recinto a alumnos que perdieron de vista, al menos en persona, a mitades de marzo. Había ganas por todas partes.

El Prat de la Riba puso a disposición todas sus entradas, divididas por cursos escolares. En cada una de ellas, dos trabajadores: uno, con la lista de alumnos en mano, y el otro, con el termómetro. Estrategias trabajadas que ayer se materializaron con bastante satisfacción, más allá de algún despistado, que se equivocó de puerta. «Es rarísimo, pero qué bien sienta volver», dijo uno de los trabajadores que se dedicaba a tomar la temperatura en la puerta de entrada a los alumnos de P5.

Los niños de cinco años formaban tímidos a la vez que ilusionados al lado de sus familiares esperando el turno de entrar. Un pequeño señalaba las mascarillas más «chulas» que veía en la hilera. El otro miraba alrededor de la valla si sus amigos habían entrado ya. «Era necesario salir de la burbuja y él ya tenía muchas ganas de venir», explicó Laura, una madre de un alumno de cinco años, que se mostraba tranquila con la vuelta al cole: «Tenía que pasar, el aprendizaje educativo tiene que darse y en mi caso estoy encantada». «Han sido unos meses duros, y el rebrote nos causó nerviosismo, pero al final es bueno para ella y para la familia volver a la cotidianidad», señaló Encarna, familiar de la alumna.

15.400 alumnos

En Reus ayer comenzaron el curso escolar 15.4000 alumnos. 350 en las Escoles Bressols Municipals; 10.600 en primaria y 4.400 en secundaria. Estos son datos facilitados por el consistorio, que lleva preparando la vuelta a las aulas varios meses. El concejal de Educació, Daniel Recasens, valoró el primer día positivamente. «En los centros hay sensación de cierta normalidad. Había más familias de lo normal, sobre todo en inicios atípicos de cambio de ciclos, pero la actitud ha sido proactiva», señaló el regidor, celebrando un «escalonamiento bastante efectivo» y los espacios por grupos «muy bien definidos».

Las personas ocupaban todos los alrededores del colegio Prat de la Riba, entre la avenida con su mismo nombre y el Paseo Suñer. «Aquí falta policía», se quejó un padre. «Me lo esperaba peor», señaló otro. «Supongo que con los días será todo más fluido», se consoló un tercero. Mientras, los alumnos esperaban con su tutora en el patio a que tocara el momento de volver a las aulas. Algo que ocurrió a las 9:10 horas. Ahí sí que hubo confusión entre los niños, poco decididos a volver a pisar el interior del edificio.

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