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Dibujar la ciencia desde Tarragona

Carles Puche inaugura en la Escola d’Art i Disseny la muestra ‘Copsant la natura’, que se puede ver hasta el día 20

GLORIA AZNAR

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El ilustrador científico Carles Puche con algunas de sus obras en la Escola d’Art. FOTO: Pere Ferré

El ilustrador científico Carles Puche con algunas de sus obras en la Escola d’Art. FOTO: Pere Ferré

Paciencia y humildad. Son las dos grandes condiciones de la ilustración científica, según explica Carles Puche, uno de sus mayores exponentes, quien esta semana estuvo en la Escola d’Art i Disseny de la Diputació en Tarragona. Puche hizo clase con los alumnos, charló con ellos y también inauguró la exposición Copsant la natura con algunas de sus obras más llamativas, muestra que se puede visitar en el Espai Piscina de la escuela hasta el próximo 20 de este mes.

«Paciencia porque por ejemplo, para dibujar hormigas te tienes que poner al lado de un hormiguero con tu libreta de campo, sentarte en el suelo o arrodillarte. Yo lo he hecho más de una vez. Y humildad porque tienes que aceptar que una persona que no sabe dibujar, un científico, te diga si tu dibujo está bien hecho o no y esto a veces es duro», explica Puche.

Lo cierto es que no es habitual divulgar ciencia a partir de las imágenes. «El problema de nuestra profesión es que hay un 70% de la humanidad que no sabe lo que hacemos. Nuestro trabajo no se conoce», reconoce este profesional autodidacta que hasta el momento ha participado en un centenar de obras.

Además de estas dos premisas y de mucha práctica, Puche cuenta que para ilustrar la ciencia solo hay que saber dibujar. «El ilustrador científico sin el científico al lado no es nadie. Tiene que ser una simbiosis entre dos personas. Lo ideal sería que se diera en una misma persona, pero normalmente no es el caso. Y además, se trata de una ilustración que poco tiene que ver con la artística», revela Puche. Así, señala cómo mientras esta última lo que busca es «mover sentimientos», la función del dibujo naturalista no es esa en absoluto. «Como mucho es una consecuencia, de que se dibuja una flor o un animal muy bonito y gusta.

Pero su función es explicar cosas. Cómo es aquella planta o aquel animal, cómo son sus plumas o por qué tiene el pico de una determinada manera. Tienes que hacer un dibujo el máximo completo posible para que explique todo lo que pueda de una especie», puntualiza. Motivo por el que también se llama dibujo científico de investigación ya que, como indica este profesional, «antes de coger el lápiz, la tinta china o la acuarela se debe hacer una investigación previa. Haces servir exactamente el método científico. El dibujo es la teoría que elabora el científico. Las maneras de funcionar son muy paralelas».

Esta semana, en la Escola d’Art Puche pidió a sus improvisados alumnos dibujos de la naturaleza de su propio jardín. «Intento no asustarlos», bromea. Así, les propuso plasmar hojas de un Quercus pubescens, «un roble un poco especial porque cuando acaban de dibujar les pregunto si han visto el pelo y reaccionan asombrados. ¿Pelo? Después, con la lupa descubren los pelos muy finos, suaves», apunta. En este sentido, Puche subraya la necesidad de volver al contacto con la naturaleza porque «te das cuenta de la gran distancia que hay actualmente con nuestro entorno más inmediato. No vemos cómo son los bosques, cómo es un árbol...

Todo esto se ha perdido absolutamente hasta el punto de que hace poco fui a una escuela y les pedí que dibujaran un pollo y la mayoría de los alumnos plasmó un pollo a l’ast».

Por ello, una de sus ocupaciones actuales es trabajar con estudiantes. Participó en la creación del primer postgrado de ilustración científica de España, en el País Vasco, donde ejerce de profesor y es coautor del primer postgrado en Catalunya, en Olot, donde es director pedagógico, cometido que le quita mucho tiempo, pero que es «muy gratificante porque hay mucho trabajo por hacer», asegura.

Trabajo que en ocasiones también lleva a cabo recorriendo el bosque con sus alumnos. Allí les muestra el arrendajo, que avisa a los demás animales cuando ellos entran. «O la bañera y el comedor. La bañera no es otra que una balsa de agua donde se desparasita el jabalí y en los márgenes del camino se pueden apreciar los comedores de los ratones», observa. «Pero todo esto hay que enseñarlo. Si no, no lo ven».

Su trabajo se muestra así fundamental para plasmar la naturaleza. Sin embargo, una de sus principales reivindicaciones es que todas las entidades científicas cuenten con un ilustrador científico de plantilla porque «¿cuántos museos, bibliotecas, parques naturales o universidades tienen?» se pregunta. Y lo compara con Estados Unidos y el mundo anglosajón donde sí es habitual esta figura. «Aquí no se da por el momento y es una de mis luchas».

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