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El 80% de empresas de reparaciones paran y solo se atienden urgencias

El decreto de alarma permite llamar a fontaneros o electricistas, pero solo en casos imprescindibles. El sector en Tarragona, bajo mínimos

RAÚL COSANO

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El fontanero y electricista de Cambrils Josep Lluís Castelleví, en un servicio durante estos días. FOTO: DT

El fontanero y electricista de Cambrils Josep Lluís Castelleví, en un servicio durante estos días. FOTO: DT

Reparar la televisión sí. Arreglar el portero automático del portal no. Solventar un problema con internet sí. Adaptarse a los cambios de la TDT no. También está permitido llamar al cerrajero, así como al fontanero en caso de fuga y al electricista por un cortocircuito, porque se sabe que las lavadoras, las neveras o las calderas no entienden de coronavirus ni de cuarentenas.

«Se siguen haciendo solo las cosas urgentes. También están trabajando empresas que se dedican al mantenimiento en temas de refrigeración, vinculada a centros de comercialización o distribución, pero también ha bajado mucho la actividad. Empresas que antes tenían 40 trabajadores ahora trabajan con tres», reconoce Josep Miró, presidente de la Associació de Gremis d’Electricitat, Fontaneria i Afins de la Província de Tarragona.

Tanto empresas instaladoras como de telecomunicaciones o suministradoras de energía sufren una misma realidad, como indica Miró: «Estamos considerados como un servicio esencial pero eso no evita que debido al miedo al contagio de gran parte de la ciudadanía, un alto porcentaje de nuestro trabajo, incluidas las averías y las rutinas de mantenimiento preventivo, haya quedado parado».

Una encuesta de este ente profesional tarraconense muestra el impacto de la emergencia sanitaria en el sector. Solo un 33% de las empresas instaladoras están realizando trabajos considerados de urgencia o básicos de forma habitual. Eso quiere decir que prácticamente un 70% de las compañías no están trabajando. «La encuesta la hicimos la pasada semana. Con el endurecimiento del estado de alarma, es probable que la cifra de las firmas que no trabajan haya aumentado un 10%», cuenta Miró.

Mantenimiento postergado

El 65% de las empresas ha perdido más del 75% de la actividad o toda, mientras que un 9% ha preferido renunciar a algún servicio por seguridad. Un 54% ha hecho un ERTE o lo va a hacer. «Nos encontramos con que la gente está asustada y, de alguna manera, desconfía. Muchas instalaciones de mantenimiento, en bloques o particulares, se están aplazando. Se hace algo, arreglar una calefacción estropeada, o cosas para el confort de la vivienda», cuenta Miró, que expone otro ejemplo: «Se puede ir a arreglar una inundación, una fuga de agua, pero no va a ir nadie estas semanas a reformar un cuarto de baño».

Otra cifra para ilustrar la debacle de un sector tocado por una cascada de ERTEs: el 52% de los que tienen personal al cargo dicen que más del 75% o incluso el 100% de sus empleados están sin empleo ahora mismo. «Hay que dejar claro que la urgencia se puede atender», indica Miró. Guillermo Canal, director-gerente de Feceminte, Federació Catalana d’Empreses Instal·ladores i Integradores de Telecomunicacions, sostiene que «todas las empresas se han ido autoregulando, al distinguir lo que es importante y necesario de lo que se puede posponer en el tiempo».

Estas compañías se antojan fundamentales a la hora de garantizar las comunicaciones, pero también han sufrido un severo retroceso. «Mantienen la actividad los que prestan servicios a operadores de telecomunicaciones, a torres o a redes de fibra óptica. Algunas actuaciones de urgencia se siguen haciendo pero cada vez menos, hay empresas que mantienen una actividad muy baja», dice Canal.

Los servicios imprescindibles se realizan con las máximas garantías de seguridad. «Los técnicos evitan entrar en el domicilio, pero si no queda más remedio lo hacen absolutamente protegidos, con la equipación que han podido encontrar, porque todos han ido actuando sobre la marcha», apunta Canal.

A pesar de que esté permitido, algunas empresas han preferido declinar el servicio. «Mi tele estaba estropeada desde hacía semanas. Tenía pendiente que me llamaran pero al no hacerlo contacté yo con la empresa el primer lunes de confinamiento y me dijeron que ahora no podían venir porque se exponían a una denuncia», expone Marina, una tarraconense afectada.

En cualquier caso, la bajada del negocio afecta sobre todo a autónomos y pequeñas empresas que tenían ya presupuestos aceptados para hacer una intervención. «Se ha aplazado, por ejemplo, la instalación de cámaras de seguridad o el cambio del cableado de edificios, servicios que no son de urgencia», cuenta Canal. También las empresas fabricantes han sufrido un parón, «perjudicadas por la falta de suministro, en especial de China».

Sí que se mantiene el servicio de internet, otra de esas prestaciones oficialmente catalogadas como esenciales. «En Catalunya hay unos 200 operadores de telecomunicaciones locales, más allá de los grandes, y tienen que mantener el servicio, con garantía de calidad y sin interrupciones», explica Canal.

Ni TDT ni cerrajería

La hibernación económica global también parece postergar al segundo dividendo digital, otra resintonización de la TDT que se debía estar haciendo en los hogares para dejar espacio al 5G. «El apagón no se ha hecho de momento, no hay nuevas acciones de cambios de canales, que ha quedado paralizado. El Gobierno ha pedido a Europa un aplazamiento. Todo debía estar finalizado el 30 de junio, pero lo más probable que se aplace», dice Canal.

La cerrajería es otro ámbito que ha detenido su actividad casi al 100% en la provincia «Está todo parado. Como la gente no puede salir de casa, es raro que suceda algún imprevisto. Hemos tenido que hacer un ERTE, porque la situación no era rentable, pero nos mantenemos abiertos con lo mínimo, por si hay alguna urgencia. Derivamos el servicio a un autónomo», cuenta Víctor Trillo, director del grupo VTS, en Reus. También en casos así material de prevención como guantes, gafas o mascarilla es imprescindible, junto al requisito del distanciamiento social con el cliente.

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