El Projecte Rossinyol: récord de parejas en Tarragona, Reus, La Canonja y Vila-seca

En este programa de voluntariado, jóvenes universitarios y estudiantes de FP, se convierten en mentores de niños de sus municipios. Este curso habrá 36 parejas en cuatro localidades

NORIÁN MUÑOZ

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Imagen de la fiesta de clausura del proyecto el curso pasado en Tarragona. FOTO: FABIAN ACIDRES

Imagen de la fiesta de clausura del proyecto el curso pasado en Tarragona. FOTO: FABIAN ACIDRES

La idea es aparentemente simple: poner en contacto a un niño con un joven estudiante para que compartan amistad. Este último pasa ratos de ocio con él y se convierte en una especie de hermano mayor; en su mentor.

Este es el cometido del Projecte Rossinyol, que se inició en Israel en los años 70. El nombre hace referencia a que los ruiseñores, porque cantan cuando se sienten seguros y protegidos.

En la ciudad de Tarragona el proyecto se inició en 2014, en la Escola Bonavista, de la mano de la asociación Quilòmetre Zero. Entonces consiguió reunir a doce parejas. Este curso escolar, el sexto, ya son 36. En Tarragona hay veinte, en La Canonja cinco, en Vila-seca seis y en Reus (que se incorpora este año), cinco.

Los mentores son alumnos universitarios y estudiantes de ciclos de grado superior de Formación Profesional. Marina Claverías, coordinadora de proyectos de la asociación, explica que, si bien en un principio los voluntarios eran especialmente de alumnos de carreras sociales, hoy tienen también estudiantes de derecho, de ingeniería o de técnicos de laboratorio químico. Todos pasan por una formación inicial.

Aprovechar la experiencia

En lo que se refiere a los niños, el perfil también se ha ido ampliando. Si en un principio la mayoría eran niños inmigrantes con necesidad de integrarse en la lengua y la cultura, hoy hay mucha más variedad.

Estos niños, los mentorados, están en pleno tránsito de la infancia a la adolescencia (estudian 6º de primaria o 1º de ESO) y son sus profesores quienes deciden si les podría venir bien participar en la experiencia.

La asociación se encarga entonces de formar las parejas para que sean lo más afines posible. Recientemente terminaron las fiestas en las que se conocieron los mentores, los mentorados y sus familias, así que, a partir de ahora, las parejas comenzarán a quedar cada semana por su cuenta. Las actividades, de lo más variopintas, pueden ser desde ir a patinar en la pista de hielo, ir al cine, la biblioteca, o, simplemente, conocer la universidad o el instituto en que estudia el mentor. Los gastos de transporte y de las actividades corren a cargo de la entidad.

Uno de los que se incorpora este año al proyecto es Enric Palau, estudiante de Ensenyament i Animació Socioesportiva en el Institut Josep Tapiró de Reus. Ya conoce a su mentorado y a su familia y cuenta que tiene ganas de verle porque se cayeron muy bien.

Asegura que para él es un reto que, además, le ayudará a discernir «si valgo para lo que estoy estudiando».

Aprender palabras nuevas

Explica Claverías que cada año, una vez termina el programa, se evalúa cuál ha sido su impacto con encuestas a niños, mentores como y profesores.

Entre las respuestas que más se repiten está el hecho de que los niños conocen nuevos sitios y nuevas actividades de ocio que no sabían que podían hacer.

Curiosamente, muchos hablan de que aprenden palabras nuevas o que usan otras que no suelen utilizar fuera de la escuela.

También refieren que para ellos ha sido importante conocer cómo es la vida de alguien que estudia.

Además, tanto niños como mentores, destacan que la experiencia les ha servido para conocer realidades distintas a las suyas, lo que les prepara para la vida en una sociedad multicultural.

Actualmente una investigación liderada por la Universitat de Girona en la que participan la URV, la Universidad de Navarra y otras entidades, está haciendo un análisis detallado del impacto de estos proyectos de mentoría. Uno de los proyectos que analizan es el Rossinyol de Tarragona.

Claverías asegura que están satisfechos porque nunca tuvieron tantas parejas y porque el apoyo que le brinda la URV y los institutos ha ido creciendo año tras año.

Sin embargo, reconoce que resulta difícil encontrar voluntarios y que, contar con los recursos económicos para seguir con el programa, también es complicado.

La entidad recibe apoyo de la Generalitat, de empresas, y de los ayuntamientos de Reus, La Canonja, Vila-seca y Tarragona. En el caso de este último dice que, pese a que es el que tiene más parejas, su colaboración no es equiparable a la de los otros municipios. «Algún año hemos estado a punto de desaparecer por falta de financiación», recuerda.

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