En casa como en el insti, cuando la clase se hace híbrida

Laboratorio. El Martí i Franqués es uno de los 20 centros catalanes que ensaya fórmulas para combinar enseñanza presencial y on line

NORIÁN MUÑOZ

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Una profesora y el director en una clase de bachillerato. FOTO: PERE FERRÉ

Una profesora y el director en una clase de bachillerato. FOTO: PERE FERRÉ

Entramos a una clase de primero de bachillerato del Institut Antoni de Martí i Franquès y, más allá de ver que la puerta y ventanas están abiertas (por aquello de evitar el contagio de Covid-19), lo primero que llama la atención es que la mitad de los alumnos está en clase y la otra en casa, aunque los que se conectan a distancia aparecen proyectados en la pizarra. La profesora está hablando con ambos grupos a la vez.

Es una de las muchas escenas que este curso han comenzado a ser habituales en este centro, uno de los 20 de Catalunya que participan en un plan piloto de educación híbrida impulsado por el Departament d’Educació para este curso 2020-2021, de momento solo en bachillerato. En la demarcación de Tarragona el otro centro seleccionado es el Institut de l’Ebre de Tortosa.

El director del Martí i Franquès, Jordi Satorra, explica que antes de la pandemia ya tenían interés por estos temas y habían comenzado a trabajar para que sus alumnos tengan competencias TIC y, además, puedan obtener una certificación, algo que hasta ahora no existe.

Pero, reconoce, llegó la pademia a acelerarlo todo y a demostrar lo difícil que resultaba enseñar a distancia en un sistema pensado para ser presencial. Justo por ello decidieron participar en el plan del Departament y convertirse en ‘laboratorio’ de educación híbrida.

Formación de profesores

Cada centro busca su forma de organizarse y lo primero que salió a la luz fue que era imprescindible la formación de los profesores. Dice que «los había con conocimientos muy avanzados y otros a los que había que quitarles el miedo». La respuesta fue muy positiva, y desde que ha comenzado el curso 90 docentes están recibiendo formación.

Pero no es un proceso de un día para otro, reconoce. No se trata de usar la tecnología para reproducir a distancia las clases de toda la vida, sino de utilizar todas las herramientas que existen en favor del aprendizaje.

A la par encontraron que hacían falta muchos más medios técnicos. En verano, con fondos propios y ayuda del Ampa, compraron 19 ordenadores ‘All in one’, 40 portátiles y 15 cámaras web.

En lo que se refiere a los alumnos, se dio la circunstancia de que todos los de bachillerato ya tenían medios para conectarse.

Pero cada día surgen nuevas necesidades. Por ejemplo, los profesores que son ‘muy de pizarra’ se las están ingeniando para enfocarla para que los que están en casa no se pierdan nada. En otra clase vemos a una profesora trabajando con un portátil sobre una silla subida a su vez a un pupitre para enfocar lo que escribe (otros lo hacen con el móvil). Este caso esperan poder solventarlo con unas tabletas que permitirán proyectar lo que el profesor escribe tanto en la pizarra como en los ordenadores.

La intención es que, siempre que sea posible, la clase sea sincrónica, es decir, se desarrolle simultáneamente. No obstante, también asistimos a un aula en que el grupo que está en el instituto está haciendo un examen mientras los de casa trabajan en otra actividad... En otro salón tienen una especie de pequeño estudio para los profesores que quieren grabar la clase; la casuística es amplísima.

Sin embargo, Satorra reconoce que no hay nada que sustituya la relación personal. Preguntamos a los alumnos qué tal se estudia desde casa y hay diversidad de opiniones, aunque hay quien suelta en broma: lo bueno es que en casa hace menos frío.

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