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«Es duro hacer entender a los menores que no pueden salir del centro. Pero lo respetan»

Los hábitos y rutinas dentro de los CRAE han cambiado en los últimos días debido a la pandemia del coronavirus. Los usuarios no pueden tener contacto directo con sus familias

CARLA POMEROL

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Tres de las educadoras del CRAE Casa Sant Josep, durante estos días de confinamiento. FOTO: CEDIDA

Tres de las educadoras del CRAE Casa Sant Josep, durante estos días de confinamiento. FOTO: CEDIDA

La vida en los centros de menores ha cambiado estos últimos días. La pandemia del Covid-19 ha modificado las rutinas y las maneras de hacer de los educadores sociales. También de los niños y adolescentes. La crisis sanitaria les ha privado del contacto directo con sus familiares y de ir a clase. Por su parte, los profesionales del sector denuncian la falta de protocolos claros a la hora de afrontar una situación como esta. «¿Y cuándo vuelve un alumno fugado, qué hacemos?, ¿Y si se contagia un educador, quien viene a trabajar?». Estas son algunas de las preguntas más recurrentes entre los trabajadores de centros de menores.

El Diari ha hablado con el responsable del CRAE Casa Sant Josep de Tarragona, Toni Escarré, quien cuenta la realidad de lo que se está viviendo. «Es duro, tanto para los chicos, que no pueden ver a sus familias, como para los profesionales. Cabe destacar que hay usuarios con dificultades a nivel conductual, lo que implica un valor añadido al confinamiento», explica Escarré, quien asegura que «a día de hoy, debo reconocer que los chicos están teniendo un comportamiento ejemplar».

El CRAE Sant Josep acoge a menores de todas las edades. Concretamente hay unos 52 usuarios, teniendo en cuenta las seis chicas que viven en un piso tutelado. La mayoría de ellos han dejado de tener contacto directo con sus familias desde que se decretó el estado de alarma, pero sí lo tienen a través de llamadas telefónicas cada dos o tres días. «Para ellos, la situación es muy complicada. Pensar que hay niños que pasan cada fin de semana con sus padres. Ahora es imposible», añade Escarré.

A todo ello cabe sumar el cambio en sus rutinas. No van a clase y, en algunos casos, los usuarios reciben habitualmente atención psicológica. «Ahora todo ha quedado paralizado. Como mucho hablamos con los médicos por teléfono si fuera el caso de necesitar algún fármaco», apunta el director del CRAE Casa Sant Josep, equipamiento dirigido por la Xarxa Social i Sanitària Santa Tecla.

En algunos casos, y debido a las dificultades conductuales por parte de algunos usuarios, la tensión crece y pueden generarse conflictos entre los menores. Escarré asegura que, por el momento, no ha ocurrido en el CRAE que dirige. El día a día de estos chicos es muy parecido al de cualquier núcleo familiar.

«Con esta situación, somos más flexibles a la hora de levantarse. Después de desayunar, salen un poco al patio, hacen deberes, gimnasia y juegan a los videojuegos. Además, desde dirección del centro, les hemos activado una cuenta de Netflix para que puedan ver series también», explica Escarré. Los primeros días, el director asegura que la situación fue un poco más compleja. «Les costaba entender que no podían salir. Como cualquier familia, cuando algún adolescente no podía más, le dejábamos ir a comprar algo de comida que necesitábamos. O bien tirar la basura», añade.

Respeto al tema de los educadores, la mayoría de centros han optado por hacer dos turnos. El objetivo de trabajar divididos es minimizar el riesgo de contagio, a pesar de tener a los usuarios como nexo de unión. Otro de los cambios que ha sufrido este colectivo es que, desde que empezó esta crisis, su tarea se reduce al contacto directo y asistencial con los usuarios. Antes, elaboraban informes y llevaban a cabo reuniones con los centros educativos. Ahora, destinan el cien por cien de la jornada directamente a los menores.

Reivindican su papel

El colectivo reivindica su papel social en un momento como este. «También debemos ser reconocidos y valorados. Estamos al pie del cañón, sin dejar de ir a nuestros puestos de trabajo y compartiendo nuestro día a día con el riesgo», apunta Escarré.

El problema de las fugas

Los profesionales del sector se quejan sobre la falta de protocolos individualizados en los centros de menores. Desde el Departament d’Infància de Generalitat, se han enviado unas instrucciones para hacer frente al Covid-19. Pero es necesario tener en cuenta la personalidad y particularidades de cada equipamiento.

El Diari ha contactado con un educador de otro centro, en ese caso de Reus, quien prefiere mantenerse en el anonimato. «Contamos con adolescentes que se han fugado hace unos días y que, al volver, no sabemos qué hacer. Si aislarlos o no. Nadie no lo dice», explica el educador, quien añade que, en las indicaciones, también deberían tener en cuenta a los jóvenes fumadores. «Les dejamos salir al patio tres veces al día acompañados de un educador», asegura.

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