Galguitis

Amor por los galgos. En los últimos años ha proliferado en Tarragona la adopción de esta raza. Conozcamos su historia

Ana Rivera

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Álfred, un galgo español de color verdino, de dos años y medio, adoptado a través de Pura Alma. Foto: Pere Ferré

Álfred, un galgo español de color verdino, de dos años y medio, adoptado a través de Pura Alma. Foto: Pere Ferré

«¡Últimamente veo muchísimos! ¿Por qué hay tantos galgos en Tarragona?» Es una de las preguntas más comunes cuando paseamos con Álfred (antes conocido como Farruquito), después del «oh, qué bonito, ¿lo puedo tocar?»

La primera persona que me habló de los galgos fue Clara Rosell, responsable del centro de mindfulness A Meditar. «Pero es un perro que seguro necesita mucha caña», solté yo, como piensa el 99,9% de personas que no conocen de verdad la raza. «¡Qué va, Ana! Les llaman los perros-gato y los perros de sofá: ¡duermen muchísimas horas! Son súper tranquilos, necesitan salir a pasear lo mismo que cualquier otro perro: no están corriendo todo el día. ¡Para nada!». Clara tiene dos galguitas, ambas adoptadas a Galgos 112: la blanca y temerosa Prana y la juguetona y negra Kala. Dos caracteres absolutamente diferentes, que se complementan a la perfección la una a la otra.

Recuerdo esa conversación como si fuese ayer… Gracias a Clara empecé a conocer a esta raza tan bonita, tan diferente y, tristemente, tan maltratada durante demasiados años. 

Durante un tiempo valoramos muy, muy seriamente la adopción de un galgo y cuando estuvimos seguros, tuvimos la inmensa suerte de que Teresa Martí se cruzase en nuestro camino. Ella gestiona la Asociación de Galgos Pura Alma, que opera desde Segur de Calafell. 


Una vida dedicada a los galgos

Galgos Pura Alma nació gracias a Capitán América. No al superhéroe, si no a un galgo, el primer galgo de Teresa.

Teresa Martí es técnica veterinaria y etóloga. A raíz de adoptar a Capitán América, hace ya 12 años, conoció en profundidad a la raza, cómo nacen y viven hasta que los descartan. «Es el perro ideal, el compañero perfecto, se adapta a todo y se amolda a ti. En otros lugares, sólo es una herramienta de trabajo y cuando no les funciona, les dan un final que ellos consideran ‘digno’: la muerte.» Así decidió que quería volcar su conocimiento profesional en ellos y dedicar su vida a rescatarlos. 

Cuenta que los principios son complicados, pero su buen hacer y su seriedad, propiciaron una rápida confianza con protectoras y rescatistas. Son ellos los que avisan a Teresa de que ha aparecido un galgo: «mi función principal es intentar encontrar dónde ubicarlos, bien sea en casas de acogida o en residencias y estar dispuesta a hacerme cargo económicamente de todo lo que venga». 

Gestionar un presupuesto para una asociación no es tarea fácil: Pura Alma, como entidad privada, no recibe una sola subvención pública y sobrevive gracias a los sorteos, la venta de merchandising y manualidades, la colaboración solidaria y el teaming

Al preguntarle por el gran número de galgos en la ciudad, Teresa comenta que es debido a la buena gestión de las asociaciones locales, como SOS Galgos, que iniciaron las adopciones hace años y Galgos 112. Y menciona a las redes sociales, que visibilizan la labor que todas realizan.

Teresa Martí, con uno de los perros rescatados por la Asociación. Foto: Facebook Galgos Pura Alma

El próximo enero, Galgos Pura Alma cumplirá 5 años, en los que han salvado a unos 200 galgos, con sólo una persona al frente para gestionar todos los rescates, acogidas y adopciones: Teresa. Por ello destaca que las casas de acogida son fundamentales, como apoyo y porque son el vínculo para conocer el carácter de cada perro. Pura Alma goza de una buena red de casas de acogida que, como Maria José y su inseparable Lennon, hacen el camino más llevadero a los recién llegados. Aunque, en palabras de Maria José, «es Lennon quien les acoge».

Un galgo te cambia la vida

Damon, curioso. Foto: Pere Ferré

Álfred es un galgo muy sociable: en pocos meses y de manera natural, paseando por el centro de la ciudad, ha hecho un grupo precioso de amiguitos. Cada uno con su historia... pero ahora con una familia para toda la vida. 

A Lua y Damon los conocimos la primera semana que paseábamos con Álfred, tan cercanos como sus ‘papis’, Iván y Yolanda. Al morir uno de los dos ‘yorkies’ de Yolanda, adoptaron a Damon porque conocían la raza a través de una amiga y les encantaba. Lua llegó al poco tiempo y forman un tándem perfecto.

De la misma forma conocimos a la activa Yoko (hermana de Lennon) y a Roc, el zen. Dos perros con un aura tan especial como su familia, Carles y Rosa, quienes adoptaron a Roc hace ya 7 años. A Roc le detectaron problemas en las tiroides, así que para mejorar su decaimiento, adoptaron a Yoko, de quien se hizo cargo Pura Alma cuando la encontraron abandonada en una cuneta cerca de Tarragona. Conectaron al instante y hacen una piña indestructible. «Son como el ying y el yang», comenta Carles.

Gala, una preciosa galga atigrada y ojos grises verdosos, es más miedosa: le gusta el aire libre y la ciudad se le hace más difícil. No se fía mucho de las personas que no son de su familia, pero Vicky, su marido y su hija le están ayudando mucho a vencer esos temores desde que la adoptaron hace ya casi tres años. Y, por supuesto, con el inestimable apoyo de su inseparable amigo Teddy, un caniche toy color canela que pasea con el grupo como un galguito más. 

Pispa, recién llegada a Tarragona. Foto: Pere Ferré

Pispa es la recién llegada, de la mano de Pura Alma. Pasea confiada y tranquila con Veramon, quien pisa Tarragona con galgos desde hace muchos años. Tal es la seguridad de su experiencia que a diario viene también con la dulce Nona y Llufa, la galguita y la pequinés de su hija.

La arqueóloga Loli Ynguanzo y Turbo tienen un carácter similar: accesibles y simpáticos. Sevillano de nacimiento, Turbo fue el primer galgo blanco que llegó a Tarragona. Loli comenta que los blancos y los de color negro son los más abandonados, ya que los cazadores consideran erróneamente que unos pueden tener problemas de albinismo y los otros son tabú por considerar  que dan «mal fario».

La divertida, saltarina y pequeña Nina llegó en plena Semana Santa, hace ya 8 años. «No quería que tuviese miedos, así que la asomé al balcón para que escuchase los tambores y se acostumbrase», comenta Claudia, su ‘mami’. Cuando le pregunté si Nina le había cambiado la vida, respondió con un rotundo sí: «Mi doctora me la recomendó como terapia. Y no puedo estar más feliz: es una responsabilidad y una motivación constante. Me ha dado vida».

El grupo de galgos, casi al completo: Roc, Turbo, Gala, Nona, Yoko, Llufa, Pispa, Lennon, Lua, Álfred, Damon y Nina, con sus familias. Foto: Pere Ferré

Y es que, como ven, un galgo le cambia a uno la vida. La vuelve más divertida, respetuosa y calmada. A raíz de la idiosincrasia de la propia raza y gracias a la buena labor de las asociaciones, la ‘galguitis’ en Tarragona aumenta. Como dice Claudia, «somos personas diferentes, pero todos estamos unidos por lo mismo». 
 

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