‘La Geganta’ cierra tras más de 36 años en Pere Martell

Comercio. Guillem Caudet cierra el local que durante 26 años acogió el histórico ‘Divertivideo’

OCTAVI SAUMELL

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Guillem Caudet, el pasado sábado antes de bajar la persiana del histórico local. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Guillem Caudet, el pasado sábado antes de bajar la persiana del histórico local. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Nuevo golpe para el pequeño comercio de Tarragona. Después de que en los últimos tiempos hayan cerrado históricos negocios como Casa Cuadras, la Llibreria La Rambla, la mercería Cal Manquet o el quiosco de la Plaça Imperial Tarraco, este sábado le llegó el turno a Guillem Caudet Piñana, un empresario que durante 36 años ha mantenido actividad en el local situado en el cruce entre las calles Pere Martell y Mallorca y que estaba muy arraigado «en el barrio, la ciudad y el territorio», según indica él mismo.

De hecho, el emprendedor tuvo abierto en este emplazamiento el histórico Divertivideo entre 1985 y 2011, hasta que la explosión de internet hizo completamente inviable el negocio. En ese momento llegó la primera reinvención de Caudet, quien pasó a regentar una franquicia de manualidades, hasta que en 2016 llegó el momento del segundo cambio de ritmo, cuando abrió La Geganta, un comercio dedicado a la venta de chucherías, comestibles y cocas de proximidad.

El emprendedor tuvo abierto en este emplazamiento el histórico Divertivideo entre 1985 y 2011 hasta que se tuvo que reinventar. Alfredo González

«No salen los números, la situación es insostenible. Los gastos, las ventas, los bancos, los impuestos... no hay manera de poder tirar hacia adelante. Empecé a meditarlo en verano y ahora ya no puedo aguantar más. Cierro». Así de claro se mostraba este sábado Caudet durante el último día de actividad en el local de alquiler en el que ha operado durante más de tres décadas y media.

«El sector comercial está muy mal, faltan ayudas. Parecía que justo antes de la pandemia la cosa iba a mejor, pero la Covid ha sido terrible. No ha habido manera de remontar», lamenta Guillem, quien recalca que «me he reinvetado varias veces como autónomo, pero ahora me tocará ir a buscar trabajo porque los bancos te dan un paraguas cuando hace sol pero te lo quitan cuando llueve».

El sector comercial está muy mal, faltan ayudas» lamentaba Guillem. Foto: Alfredo Gonz´lez

El cierre de este negocio de barrio pone de relieve la desertización del comercio tradicional que está sufriendo la ciudad. «La globalización, la compra por internet ha hecho cambiar las formas de consumo. Todo esto puede tener cosas buenas, pero perjudica a los pequeños», indica Guillem. La tienda de regalos El Negrito i la Negrita, la cafetería Leman, la papelería Atlas de la plaza Cronista Sessé y la zapatería Peccary de la Bocacalle son otros ejemplos de comercios que daban un valor añadido a una ciudad que, como pasa a nivel general, está perdiendo señas de identidad.

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