La URV volverá a tener aulas de mayores

El programa, que no pudo ponerse en marcha el curso pasado, cuenta con más de 2.000 alumnos en la demarcación. Para algunos es la primera vez que van a la universidad

NORIÁN MUÑOZ

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M.Isabel Miró, coordinadora de aulas de Gent Gran en la URV. FOTO: Pere Ferré

M.Isabel Miró, coordinadora de aulas de Gent Gran en la URV. FOTO: Pere Ferré

«Lo he echado muchísimo de menos, era un motivo para mantener la ilusión. Escuchabas cosas de las que no tenías ni idea y llegabas a casa a buscar más información... No porque uno tenga muchos años no pueden interesarte cosas muy técnicas. A mí, por ejemplo, me encanta lo relacionado con las ciencias y la lógica, pero también me gusta el arte, la música, la arquitectura, los viajes... Y también está el aliciente de poder chalar con los compañeros, realacionarte con otros».

Así cuenta Francesca Pamies (a punto de cumplir 73 años) lo que ha supuesto para ella no poder acudir a las Aules d’Extensió Universitària per a la Gent Gran de la URV. Las actividades se suspendieron al inicio de la pandemia el año pasado y hasta ahora no han podido recuperarse. En los próximos días comenzarán las preinscripciones para volver a las aulas en enero del año que viene.

Francesca es una de los casi 2.000 alumnos de más de 50 años que las aulas de extensión tenían en sus 24 sedes de Tarragona, Reus, Cambrils, El Vendrell, Vila-seca, Constantí, El Morell, Falset, Valls, Salou, Torredembarra, Santa Coloma de Queralt, Mont-roig del Camp, Riudoms, L’Espluga de Francolí, Alcover, Terres de l’Ebre, Amposta, Deltebre, Flix, La Sénia, Móra d’Ebre, Tortosa y Sant Carles de la Ràpita.

Y es que, tal como explica María Isabel Miró Montoliu, coordinadora de las aulas, aunque el programa depende de la universidad, la idea era acercarse lo más posible a los alumnos. Por eso las clases se desarrollan en los propios municipios de los interesados en los locales que ceden los ayuntamientos u otras administraciones y entidades. En el caso de la ciudad de Tarragona, por ejemplo, están en la Antiga Audiència.

Imagen de archivo de una sesión de las aulas de Gent Gran de la URV, cerradas desde el inicio de la pandemia. foto: Cedida

No hay que confundir este programa con los alumnos mayores que estudian una titulación oficial en la universidad, que también los hay. Este curso son 130 los mayores de 50 años los que estudian un grado (1,1% del total), 71 los que cursan un máster (3,9% )y 111 un doctorado (8,5%).

Más de mil opciones a elegir

En el caso de las aulas de extensión lo que se programa es una serie de conferencias (unas dos a la semana) con diferentes temas en función de los intereses de cada grupo. Miró explica que tienen un banco con más de mil propuestas. Basta con ver algunos de los títulos del último curso para hacerse una idea. Había desde charlas sobre nanotecnología o el futuro de la UE post-Brexit hasta una del alpinista Òscar Cadiach sobre Nepal.

Y es que aunque la mayoría de las charlas las ofrecen profesores de la URV también los hay de otras universidades, así como investigadores y personalidades expertos en diferentes temas.

Miró cuenta que el perfil de los alumnos es de lo más variado. Ella está ligada a las aulas de Gent Gran desde los años noventa y cuenta que el perfil ha ido variando. Al principio eran sobre todo personas que no habían tenido oportunidad de ir a la universidad. «Antes no todo el mundo podía permitírselo, era caro y había que ir a Barcelona», apunta Francesca.

Pero ahora hay cada vez más participantes que tienen estudios universitarios, como la misma Francesca, maestra jubilada de Educación Infantil. También hay cada vez personas de menos edad que se han prejubilado pasados los cincuenta.

No obstante, señala Miró, también han tenido personas muy mayores, como un alumno de Tarragona de 102 años «muy activo. Me sorprendía que nunca usaba el ascensor, siempre subía las escaleras caminando».

Ahora, reconoce, pasada la pandemia, ha recibido una avalancha de llamadas de los que están deseando retomar las clases, aunque también detecta que hay otros que tienen miedo.

Cuenta que para los profesores suele ser toda una experiencia porque son alumnos que van a lo que van; muy exigentes. «Hay que hablar muy claro, y si hay diapositivas tienen que entenderse bien y entrar por los ojos... Pero también son muy agradecidos».

Miró tiene 65 años y es profesora jubilada de la universidad, así que su trabajo como coordinadora de estas aulas es completamente voluntario. Cuenta que estos alumnos le han dado muchas alegrías. Lo dice ella que es pedagoga y que ha dado clases en todos los niveles educativos, incluidas escuelas. «Son muy puntuales y siempre quieren sentarse en primera fila. Aquí no te vas a encontrar a los alumnos mirando al móvil mientras tú le hablas a la pared. Y, cuando terminas, te hacen preguntas muy interesantes», reconoce sonriente.

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