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Tarragona Sociedad

La falta de relevo generacional cuestiona el futuro de la Semana Santa en Tarragona

Menos público en las procesiones y menos cofrades. Algunas entidades ya hablan directamente de una nueva recesión que sobre todo se nota en figuras clave como los costaleros

NÚRIA RIU

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Imagen de archivo de los costaleros con la banda de música ensayando para la Semana Santa.FOTO: LLUÍS MILIÁN/DT

Imagen de archivo de los costaleros con la banda de música ensayando para la Semana Santa.FOTO: LLUÍS MILIÁN/DT

Cuando las cofradías de la Semana Santa de Tarragona están a punto de iniciar los ensayos, hay un elemento que cada vez más preocupa más a una parte de este colectivo: la falta de relevo generacional. Algunas de las entidades ya lo están notando en sus filas, otras se lo miran aún desde la distancia. Pese a ello, hay un aspecto en el que coinciden: hay una decaída en el interés de los actos, tanto a nivel de público como en cuanto a la cifra de participantes, que obliga a una profunda reflexión alrededor de esta tradición.

«La recuperación de la Semana Santa en Tarragona coincidió con la de la Santa Tecla, lo que pasa es que después ha venido una caída, a nivel generacional, y los que seguimos somos más mayores y nos cuesta más que entren los jóvenes», afirma el capataz del Sant Sepulcre, Joan Menchón.

Menchón forma parte de una generación que entró en el Gremi de Pagesos hace más de treinta años. Vivió en primera persona la recuperación de la Semana Santa en la década de los noventa. En este periodo, buena parte de las cofradías modificaron sus misterios y eliminaron las ruedas para cargarlo a cuestas. Ahora, habla de una nueva recesión. La sitúa a partir de 2014-2015 y asegura que está siendo especialmente dura en la figura de los costaleros. «No hay una tasa de reposición. Si te viene alguien nuevo tiene más de treinta años y los que seguimos allí tenemos más de cincuenta años, con un cuerpo que ya no es el mismo», argumenta. En el caso concreto del Sant Sepulcre hay doce personas que van dentro del paso, además de otras ocho fuera. Supone un total de veinte personas. «Lo bueno sería tener otros ocho recambios, pero siempre hay gente que falla y aquí es cuando empiezan los problemas», defiende. Y el handicap no tan solo es que falte gente, sino que la media de edad de los que hay supera los cuarenta años. «A lo mejor tienes a uno de veinte y pico que te hace bajar el promedio, porque después el resto casi todos superamos los cincuenta y pico», afirma.

Si no hay recambios, significa que las ocho personas que van debajo del paso tengan que soportar durante las más de tres horas que dura la procesión del Viernes Santo, los más de treinta kilos de peso que supone cargar el Sant Sepulcre. Un peso que, en función de la orografía de la calle, puede ser muy superior. Esto hace que el riesgo de lesiones que sufren los costaleros durante la procesión sea muy elevado.

Grupos cerrados

El capataz del Sant Sepulcre coincide con su homólogo en La Pietat, Francesc Nadal, «uno de los problemas que posiblemente tenemos es que tenemos la imagen de un grupo cerrado. A lo mejor no hemos sabido transmitir que si no tienes a un familiar en la cofradía es una barrera», indican. Asimismo, Nadal añade que ahora la gente tiene una gama de actividades más amplia. «Hace treinta y pico años establecías tus relaciones con la familia y el trabajo. Había poca cosa más. Ahora tienes mil posibilidades y no olvidemos, por ejemplo, que la temporada castellera es mucho más larga y después ya no quieren ir a la Semana Santa», dice.

La incorporación de las bandas de música abrió las puertas de la Semana Santa a muchas personas, sobre todo niños y jóvenes, que nunca se habían planteado la posibilidad de ponerse una vesta. Más allá de las dudas que genera en algunos colectivos la proliferación de los tambores, algunas hermandades hicieron una apuesta que les trajo aires renovados. Pese a ello, esto no ha servido para garantizar una reposición en las filas o entre los costaleros. «A lo mejor dentro de cinco años habrá cofradías que, para tener a gente que lleve los pasos a cuestas, tendrán que volver a pagar como se hacía», afirma Menchón.

Jordi Folch es el presidente de la Reial Congregació del Venerat Cos de Jesucrist en el Descendiment de la Creu. Esta entidad siempre ha sido una de las más pequeñas de la Semana Santa tarraconense, a pesar de que su paso es el más grande. Pesa unos 1.700 kilos y, aunque va a ruedas, necesita a una docena de personas para empujarlo. «Para la banda siempre hay a gente dispuesta, pero para el paso no. A lo mejor te vienen un año, pero el siguiente ya no», argumenta.

Folch afirma que «estamos retrocediendo todos». Este año, esta entidad ha hecho un convenio con el Sagrat Cor para que los niños del centro colaboren con la cofradía. «Es una escuela con 900 alumnos y vinieron siete madres a interesarse. Es normal, hay otras cosas», dice.

Tirar de familiares y amigos

Àngel Vicient es el jefe de Portants del Descendiment. «Dentro de la misma congregación encontrar a alguien para llevar el paso se hace difícil», explica. Toca tirar de amigos y familiares. Aunque apunta que no es una solución. «Al final acaba siendo gente de tu misma edad y las bajas no se renuevan», afirma. Vicient sitúa la media de edad entre los 45 y los 55 años. «Cada vez cuesta mucho más encontrar a gente, incluso para salir en las filas», manifiesta.

Jaume Sáez hace dos años que es el presidente de la Reial Germandat de Jesús Natzarè. Entró con una junta muy joven que está empezando a introducir cambios en la manera de hacer de la hermandad. La presentación del programa no tiene nada que ver con lo que se hacía anteriormente. «Estamos empezando a cambiar para ser más atractivos, porque somos muy conscientes de que o lo reformamos o no conseguiremos remontarlo», afirma.

Los de Sant Miquel del Pla coinciden en que «cada vez cuesta más encontrar a gente que quiera llevar el misterio a hombros. Puede ser que dentro de un tiempo veamos a alguna cofradía que vuelva a las ruedas. Nosotros seguro que no, pero hay quien lo está pasando realmente mal».

Es una de las cofradías más numerosas de las que participa en la Semana Santa tarraconense. Pese a ello, también ha registrado bajas entre sus filas. Sáez explica que en los últimos dos años la entidad ha registrado un descenso de afiliados del orden del 20%, lo que significa que han pasado de los más de mil asociados a casi 800. «Está claro que hay una parte de estas personas que se han muerto, pero también hay bajas voluntarias», dice.

Abrir paso

El presidente de los nazarenos considera que debería hacerse un conclave con los presidentes de todas las entidades para debatir y reflexionar sobre el futuro de la Semana Santa en Tarragona.

Francesc Seritjol asumía hace dos años la presidencia de la Agrupació d’Associacions de la Setmana Santa. Con 35 años se convertía en el máximo representante más joven de esta entidad. Seritjol considera que el problema generacional está dentro de algunas cofradías. «Debe darse una oportunidad a los jóvenes y fomentar el relieve, el problema es que en algunos casos no se les da esta oportunidad».

Seritjol forma parte del Gremi de Marejants. «De las 21 personas que estamos en la junta, tan solo tres pasan de los 55 años. Es una diferencia muy importante, porque en algunos casos hablamos de que la media de edad es de 60 años y esto se nota», argumenta. Defiende que debe producirse un «nueve relieve» y que los jóvenes empiecen a coger responsabilidades dentro de las cofradías. Y, a partir de ahí, afirma que el secreto está en «ser valientes» y esto empieza por «hacer los actos de forma diferente. Lo de siempre no funciona, debemos empezar a replantearnos muchas cosas para que haya más dinamismo. Las jornadas castelleras de ahora son muy diferentes a las de hace quince años. Sin perder la esencia y la solemnidad pueden hacerse muchas cosas».

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